Dices Miguel*

 

Dices Miguel que se enternece y gime
el aire entre las hojas de la acacia
que se enreda el verdor con la acrobacia
naranja de un ocaso que se exime.

Dices, que no hay latir que no aproxime
al propio corazón ante su gracia;
que el roble, por señor, es elegancia
y el almendro es la estampa en que se imprime.

Que los álamos blancos centellean
las tardes soleadas de tu alma,
y evocas al viñal y su apogeo

y cuentas emotivo que se embrean
su savia a tu fervor, y es tal la calma
que te vives, Miguel. Y yo lo creo.


*A Miguel Herrero Uceda con su permiso y mi licencia
(y la complicidad expresa de sus árboles amigos)

                 Carmen Sanjuán,   

 

 

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